El omelette de setas de Phantom Thread

Pola Thrace

Es difícil elegir una película de Paul Thomas Anderson como favorita. Desde Magnolia hasta Inherent Vice pasando por There Will Be Blood y Boogie Nights, este director nos entrega cada vez una obra completa, cerrada, que se sostiene por sí misma sin necesitar de las demás. Este es el caso también de su más reciente cinta, Phantom Thread. 

Reynolds Woodcock (Daniel Day-Lewis) es un diseñador de moda londinense de la década de los 50 que conoce a Alma (Vicky Krieps), una mesera que se convierte casi inmediatamente en su nueva modelo y musa. Pero esta no es una historia de amor, sino sobre el proceso creativo, las excentricidades del artista, la dificultad de comunicar y la relación entre el autor y su obra. Y un poco sobre amor, sí, del más enfermizo que pueda haber. Pero sobre todo, sobre comida y el placer (o el disgusto) de comer, cocinar, y servir los alimentos.

Cuando los personajes se encuentran por primera vez, ella está atendiendo la mesa de él. En un juego coqueto, él convierte la comanda en algo muy complicado, y después le pide a ella que lo traiga usando no sus notas sino su memoria. Pero ella está un paso más allá que él desde ese momento, y antes de que él la invite a cenar, ya le ha redactado una nota en la que lo llama “el niño hambriento”, una manera de tratarlo como a un hijo, una promesa de cuidarlo a pesar de ser él evidentemente décadas más viejo que ella.

En esa cena a la que él la ha invitado Alma es la única que come mientras él la observa, podemos adivinar que quién cocina y quién come es un juego importante para la trama y una metáfora del amor abusivo: uno recibe mientras el otro entrega, y los papeles pueden invertirse, pero nunca los veremos comer a la vez, como si la armonía les estuviera negada.

Woodcock es un hombre difícil, rayando en lo insoportable, y esto se refleja en muchos aspectos de su vida, de los cuales dos me llamaron especialmente la atención. El primero es que no le gusta la mantequilla, cuando se trata de un gusto muy extendido (grandes cocineros de la historia la han elevado como un ingrediente imprescindible debido a su delicioso sabor) ; el segundo, que le desespera la manera en la que Alma come, como si nadie más que él tuviera derecho a la función vital y placentera de alimentarse.

Pero Alma no está dispuesta a acomodarse mansamente al papel que Reynolds tiene previsto para ella (uno al que, lo adivinamos, ha sometido a varias mujeres antes), y comprende desde el inicio que alimentar a alguien no es un acto de sumisión sino de poder. Ella, que se expresa a través de la cocina, es capaz de curar con una sopa, de preparar una cena sorpresa y de agregarle a sus platillos tanta mantequilla como le plazca.

De todos los platillos e ingredientes que se mencionan o consumen en la cinta, elegí el omelette de setas para esta receta de película. Les comparto la forma en que se prepara. Spoiler alert: lleva mucha mantequilla. Puedes aprender a prepararlo haciendo click aquí.

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