El amor después de la alta fidelidad

Arturo Uriza

Todas las canciones hablan de amor, o de desamor en todo caso. Lo dice por ahí en alguna parte Nick Hornby en High Fidelity (1995), tal vez no de esa forma pero definitivamente algo por el estilo. Y también dentro de esa idea, esta oda de Hornby a la música es un pretexto para hablar de amor, la falta de él, y de lo mal que lo hemos entendido, especialmente los hombres. Al mismo tiempo, es una gran muestra de que la mal llamada hombría es tan frágil como los discos de los que habla Rob durante el libro, -o la película, cualquiera que sea el soporte en el que se prefiera-, y lo fácil que es relacionarse con eso.

Rob es un hombre de treinta y tantos años que como la mayoría de nosotros se ha idealizado a sí mismo y tiene una pelea interna constante entre el personaje que su tremendo ego le ha construido, y el eterno niño que nunca está listo para madurar. Dentro de estos dos estados, muchas de las disertaciones sobre las relaciones afectivas suelen ser también impulsivas y viscerales, pero universales sin duda, incluso varias de estas no tienen que ver con el género, simplemente son construcciones sociales: las consecuencias de lo que creemos, estamos convencidos, que deben ser las relaciones de pareja.

Así, queremos que nos quieran como nosotros queremos y luego, cuando la emoción se acaba, buscamos a quién más hacerle un nuevo mixtape con las canciones adecuadas para proceder al respectivo y discreto cortejo.

Rob, ha sido un modelo a seguir para todos aquellos románticos que hemos sufrido por alguien tras una ruptura, sin embargo, el encanto de nuestro héroe opaca ciertos aspectos críticos de su personalidad, que son causantes de muchos de sus problemas. Esto queda mucho más claro en la construcción del personaje en la adaptación fílmica que en el libro, donde su psicología es mucho más obtusa , y permite ver en perspectiva y a detalle que en muchas ocasiones es el mismo Rob el que ha provocado sus problemas con Laura (su ex).

Incluso en la forma de dominio que nuestro héroe quiere ejercer sobre su expareja, hay un claro ejemplo de necedad infantil y machista, que no permite que ninguna de las dos partes avancen. La sexualidad, por otra parte, es también algo que juega un papel dominante e importante en esto. Que Rob no tolere pensar que su Laura está teniendo sexo con alguien más es uno de los pretextos para buscarla y lo peor es que muchos de nosotros hemos estado en ese lugar. Por el contrario, es una hazaña para él -y nosotros-, ue se termine acostando con Marie, la hermosa cantante americana que le sirve más que nada de empuje para el ego.

Bien decía Oscar Wilde: en la vida todo es sobre sexo, menos el sexo, el sexo se trata sobre poder.

Sin embargo, la redención de Hornby (innecesaria de explicar) es que en realidad Rob, a pesar de ser un reflejo de nuestros más inútiles instintos, no es glorificado al final de la historia, sino más bien es puesto en duda constantemente por las circunstancias y es entonces en donde él mismo se da cuenta de sus errores. Hornby trataba de crear una crítica a todo eso que muchos de nosotros hacemos cuando estamos en una relación, o terminando una, o en el proceso de comenzar de nuevo. Y a pesar de que haya un dejo de encanto en la tragedia, la verdad es que al final nunca vale la pena.

Así, visto a lo lejos, Rob nos representa pero también se burla de nosotros, y eso es justamente lo que hay que valorar de este antihéroe ensimismado, egoísta, megalómano, que poco a poco cambia para dejar de romantizar la pérdida, dejar de ser una víctima en un injusto mundo donde las mujeres no nos aman como queremos, porque al final no es su responsabilidad.

Lo que sí es que como bien mencionan: si tu colección de discos y de películas discrepa violentamente con la de tu pareja entonces no hay ningún futuro ahí. Por algún lado se tiene que empezar.

 

 

Arturo Uriza-High Fidelity-John Cusack-Nick Hornby-Rob Gordon
POST RELACIONADOS